miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Nuevo Montoya





Comienza un nuevo año para Juan Pablo Montoya, y no me refiero únicamente a su cumpleaños número 38 celebrado el pasado 20 de septiembre, sino a su confirmado regreso a la fórmula IndyCar. Con Penske Team, JP buscará repetir como veterano el título mundial conseguido como novato en 1999.

La noticia nos tiene muy contentos a todos, especialmente a aquellos que le hemos seguido temporada tras temporada en varias de las categorías donde ha competido. Por mi edad, no tuve la oportunidad de estar pendiente de Juan desde sus inicios, pero satisfactoriamente puedo decir que desde que arribó a la desaparecida Fórmula Cart, he estado al tanto de su carrera.

Montoya es un piloto de extraordinarias condiciones, cuyo éxito ha sido muchas veces atacado en vez de ser celebrado. En Colombia, Juan Pablo tiene más detractores que seguidores, opositores que fueron alimentados por la prensa amarillista que, en su momento, no soportó que un bogotano estuviese por encima de todo y de todos, convirtiéndose en centro de atención y desplazando a otro plano al deporte rey y la selección Colombia (que venía de clasificar a tres mundiales consecutivos).

Era lógico, en un país donde el fútbol apenas si da unos destellos de calidad y otros deportes como Boxeo, Patinaje y Ciclismo son apoyados solo cuando regalan alguna alegría (aunque hallamos logrado más en esas disciplinas que en el balompié), el automovilismo atacaba al héroe del momento (Valderrama) y lo desplazó de manera categórica. La culpa no fue de Juan Pablo. Él no fue campeón pensando en que los niños dejaran de comprar balones y pidieran carros, o que en vez de ir un domingo a un parque les pidieran a sus padres que los llevasen a una pista de Karts. Montoya solo quería dejar el tricolor en alto (y lo hizo), sin saber que esto desencadenaría que aquellos que en ese tiempo fuimos niños, prefiriésemos disfrazarnos con overol y casco en vez de camiseta y peluca "todo bien, todo bien", o que hiciéramos largas filas para adquirir una foto en el recordado monoplaza número 4.

"En la fórmula uno no hizo nada", replican algunos, mientras olvidan que en 2003 Juan Pablo estuvo muy cerca de ser campeón, cuando "misteriosamente" la FIA decidió cambiar las reglas a tres carreras de terminar el campeonato. Así mismo, en la Gran Carpa, Montoya fue el único que le plantó cara al múltiple campeón del mundo Michael Schumacher; en duelos cinematográficos que quedaron grabados en la memoria de los aficionados. Tras cuatro años de correr sin carro, pero aún así ser protagonista, y dos más en McLaren; el bogotano se mudó a la Nascar donde para algunos "se perdió". Pero no, la experiencia adquirida en esta categoría, donde además de la pericia es fundamental la inteligencia y la estrategia de carrera, han convertido a Juan Pablo en una fiera del volante, lo cual quedará en evidencia el próximo 30 de Marzo, cuando en St. Petersburg el mundo sea testigo del regreso del rey de la mano de Penske Team.

Este es el nuevo Montoya, más vigente que nunca. Un hombre que siempre sale a ganar, sin importar si está al volante de un Ferrari o de un carrito de balineras. Es el padre del automovilismo colombiano, aquel que abrió el camino para sus compatriotas Sebastián Saavedra, Gustavo Yacamán o Manuela Vásquez. Es el piloto humano, aquel capaz de complacer los deseos de sus hijos y de paso los suyos; en pro de volver a figurar y convertir nuevamente este país en el templo "Montoyista".

Por: Hector Columnista Directorio Deportivo



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