Foto tomada de elespectador.com
A Nairo Quintana le fallaron los frenos y la ilusión de los
colombianos se estrelló contra el pavimento.
Nairo sería el campeón de la Vuelta a España sin lugar a dudas, y no es
patriotismo; así lo analizarían también quienes impidieron que sus pedalazos le
dieran la victoria, perpetrando con unos sencillos ajustes en su caballito de
acero. Resulta complicado competir con las propias fuerzas contra factores
externos soterrados que manipulan manos inescrupulosas, con hilos invisibles y
poderosos.
El fundamento para lanzar esta hipótesis se apoya en la
realidad mercantilista del deporte; tras bambalinas se manejan millones de
dólares. Mientras el incentivo para el espectador tras la pantalla es el
orgullo patrio acompañado de la ingenuidad que no permite sospechar de alguna
intención maquiavélica, la motivación para los empresarios se sustenta en la cuantiosa
suma de dinero que produce el negocio y es necesario asegurar, cueste lo que
cueste.
La Vuelta a España perdió su encanto y bajó el raiting en
Colombia, lo contrario ocurrió en España, allá quedaron regios sin esa piedra
en el zapato que estorbaba tanto. Poco o nada se comenta en el campo
periodístico sobre este hecho, ¿será resignación, falta de suspicacia,
indiferencia, impotencia? Lo cierto es que la ilusión para los seguidores de
Nairoman se aplazó para el próximo año en el encuentro de Francia, esperando
que "los frenos no le vuelvan a fallar".
¡Qué frustración! Esto no solo sucede en las películas de
acción o suspenso, donde cualquier parecido con la realidad no es pura
coincidencia. Comprar conciencias es un asunto
tan cotidiano y puede traspasar los límites de cualquier convicción: altera
frenos, modifica estadísticas, sesga
canales de comunicación; con el objetivo de que el común del pueblo sostenga
una posición silenciosa y conformista, que favorece la actividad lucrativa de
una minoría que pacta con el engaño.
Mateo Arrázola
Directorio
12 de septiembre de
2014
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